Procesión cotidiana en el Sepulcro

Francisco de Asís y sus hermanos fueron a la Tierra Santa con el deseo de poder “respirar” en estos Lugares santificados la presencia del Hombre-Jesús.
La procesión cotidiana en el Sepulcro, que recorre los lugares de la pasión-muerte-resurrección de Cristo, es una forma de recordar a los peregrinos la necesidad de meditar constantemente sobre la humanidad de Jesús, que en estos lugares sufrió su Pasión y se manifestó en su Resurrección.
El estilo del Via Crucis, la procesión cotidiana, evoca la importancia de la devoción a la cruz, tema muy querido por el Santo de Asís y por la espiritualidad franciscana.
La procesión no nace como una práctica ritual de los frailes de la comunidad del Sepulcro, y no existe una sola “liturgia” dedicada únicamente al culto de los cristianos locales, si no que está dedicada a todos los Cristianos peregrinos que acuden a la basílica. Este aspecto ha ayudado a preservar el origen de los santuarios como patrimonio de la Iglesia Católica Universal. Todo esto también está testimoniado por la paciente y perseverante presencia de la comunidad de los frailes menores en el Sepulcro.
La estructura de la procesión sufrió cambios y variaciones durante los diferentes períodos históricos que han permitido conservar la práctica de la Procesión cotidiana hasta nuestros días.
A la procesión se le puede reconocer una función fuertemente legada a la devoción de los lugares como “reliquias” de la pasión-muerte-resurrección de Jesús Cristo, pero también a los personajes actores de estos momentos (María Madre de Jesús, Juan, María de Magdala, etc. etc.). La Palabra de Dios aparece como un elemento fundente de esta práctica procesional y con frecuencia se propone y se lee en clave poética.

Tradición histórica y litúrgica

La antigua costumbre descrita por Egeria de recorrer todos los lugares santos y de la pasión-muerte-resurrección de Jesús, se ha vivido desde hace siglos como una tradición de gran importancia. Egeria contaba que toda la comunidad presente durante la procesión, formaba un cortejo para acompañar al Obispo que se desplazaba para celebrar la liturgia en los diferentes santuarios de la ciudad, recitando cantos, salmos e himnos. Con la conquista islámica de Jerusalén, se prohibieron las manifestaciones externas de culto cristiano y todos los cultos se tuvieron que realizar en el interior de los edificios eclesiales.
También en época cruzada esta práctica tuvo su desarrollo de manera similar y mucho más sencilla, sobre todo después de que los Latinos consiguieron el derecho de transitar libremente alrededor de la Tumba.
Con la llegada de los frailes menores a la Basílica (presentes en el S. Sepulcro desde hacía tiempo, pero reconocidos oficialmente por los Papas en 1342) se restableció el culto cristiano en los Lugares Santos, que desde hacía mucho tiempo estuvo en manos de las autoridades musulmanas, para custodiar los santuarios y celebrar la liturgia. El texto más antiguo de la procesión remonta al 1431 con el diario de Mariano da Siena. La comunidad de los frailes acogía a los peregrinos introduciéndolos y guiándolos en el Lugar Santo, los peregrinos después de la entrada por la tarde, completaban la visita del santuario en forma de procesión y después de una noche de oración transcurrida en la basílica, la peregrinatio se concluía con la Eucaristía solemne y comunitaria celebrada por el Guardián franciscano.
Desde el siglo XVI, con el aumento de los religiosos residentes en el Sepulcro, pero sobre todo a causa de la llegada del Imperio Otomano, la procesión empezó a convertirse en una práctica cotidiana de la comunidad, en vez de un ritual relacionado con la llegada de los peregrinos, perdiendo de esta manera parte de su carácter pastoral, a causa de factores históricos evidentes.
Una reforma sustancial de la procesión tuvo lugar en el 1623 con el Custodio Tommaso Obicini, bajo la custodia del cuál, se publicó un procesional oficial, Ordo Processionalis.
En 1924, el entonces Custodio p. Ferdinando Diotallevi añadió a las estaciones de la procesión cotidiana, la estación de la Adolorada al Calvario. Al año siguiente entró en vigor una nueva versión de la procesión en la que se realizaron cambios en los himnos para adecuarlos a la edición oficial de la Antifonal Romana.

Itinerario:

Cuando suenan las campanas, la comunidad de los frailes se dirige al coro para la celebración de la Liturgia de las Horas; a continuación, salen del coro y comienza la procesión. Ésta, formada por catorce estaciones, comienza y termina en el mismo lugar, es decir, en la capilla del santísimo Sacramento o de la Aparición de Jesús resucitado a su Madre. En la procesión participan los frailes de la comunidad y algunos provenientes de San Salvador. En cada estación se recita o se canta un himno relacionado con el lugar, seguido de una antífona y de la colecta, y por último, se reza un Pater, Ave y Gloria. Hasta la séptima estación la procesión se recita en recto tono, es decir, utilizando siempre la misma nota, y después se canta.
Antiguamente también participaban en la procesión los sacerdotes de las otras confesiones, pero esta práctica se ha ido perdiendo con el tiempo.
Los frailes también tienen el derecho de incensar y rezar ante los altares de las otras confesiones cristianas.

La procesión sigue el siguiente itinerario:

  • I. Al altar del Santísimo Sacramento
  • II. En la Columna de la flagelación
  • III. A la Cárcel de Cristo
  • IV. Al altar de la división de los vestidos de Cristo
  • V. En la Cripta del hallazgo de la Cruz
  • VI. A la Capilla de Santa Elena
  • VII. A la capilla de la coronación y de los improperios
  • VIII. Al lugar de la Crucifixión en el Calvario
  • IX. Al lugar donde Cristo expiró en la Cruz
  • X. Al altar de la Adolorada
  • XI. A la Piedra de la unción
  • XII. Al glorioso Sepulcro de Nuestro Señor Jesús Cristo
  • XIII. Al lugar de la aparición de Jesús a María Magdalena
  • XIV. A la Capilla de la Aparición de Jesús resucitado a su madre.

En los días de gran solemnidad en la basílica, la procesión se anticipa y adquiere un carácter solemne. En la procesión participa junto con los frailes menores, un Prelado que es acogido solemnemente en la Basílica.

Ordo Processionis in basilica Sancti Sepulcri

Custodia Terræ Sanctæ

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Procesión cotidiana en el Sepulcro