La transformación cruzada

Reproducción de la basílica cruzada

La creciente dificultad por acceder a los lugares santos de la cristiandad llevaron a los emperadores bizantinos a pedir ayuda a Occidente, que respondió con el inicio de las campañas cruzadas.
El 15 de julio del 1009 los cruzados conquistaron la Ciudad Santa, masacrando hebreos y musulmanes y la convirtieron en el corazón de su reino durante casi un siglo, hasta el 2 de octubre de 1187.
Pocos días después de la conquista, el Conde Goffredo di Buglione recibió el título de “Advocatus” es decir, protector laico del Santo Sepulcro, con el deber específico de defender a los lugares santos en nombre del Papa y del clero latino.
Los cruzados pusieron en marcha las obras para volver a entregar algunas partes del Santuario al corazón de la Cristiandad, que había sido restaurado recientemente. Para adaptar el santuario a la liturgia Latina en el espacio del tripórtico Constantino, se construyó un Chorus Dominorum unido al Anastasis, en el que oficiaban los religiosos latinos.
Otra importante realización cruzada fue la construcción de la iglesia de Santa Elena en el lugar en el que la tradición jerosolimitana recordaba el hallazgo de la Verdadera Cruz por parte de la madre de Constantino. La intención de los cruzados era la de realizar una única basílica que reagrupara todas las memorias que se celebraban, donándole una forma adecuada para acoger a miles de peregrinos.
La diversidad de estilos románicos europeos representados por las primeras intervenciones en la basílica por voluntad del rey Baldovino I (1100-1118), encontraron a lo largo del tiempo una cohesión mayor sobre todo gracias a los artistas que trabajaban para el rey Baldovino III (1140-1150).
La basílica del Santo Sepulcro tal y como ha llegado a la actualidad refleja aquel estilo románico cruzado que reunió en una única estructura las memorias sagradas unidas a la muerte y resurrección de Cristo.

Ver la reconstrucción 3D de Raffaella Zardoni

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