La época de Constantino

Reconstrucción de a Basílica de Constantino

En el 324-325 por encargo de Constantino, el obispo de Jerusalén Macario, inició la destrucción de los edificios paganos construidos en el Gólgota, con el fin de buscar la tumba vacía de Cristo. Con gran sorpresa y en contra de cualquier expectativa, el historiador Eusebio transmitió el relato del descubrimiento de la “gruta más santa de todas”, la que había sido testigo de la resurrección del Salvador.
Después del descubrimiento de la tumba y del pico rocoso del Gólgota, los arquitectos constantinopolitanos proyectaron un complejo de edificios articulado e imponente destinados a usos litúrgicos específicos.
La obra de Constantino, que fue inaugurada oficialmente el 13 de septiembre del 335, modificó la geología de la zona para realizar un complejo de edificios que culminaban en la Anastasis con la tumba de Cristo en el centro. A lo largo del cardo columnizado de la ciudad se erigía la escalinata que llegaba hasta el atrio donde, a través de tres puertas, se accedía a la basílica del Martyrion.
La basílica debía de ser magnificente con sus cinco naves divididas por columnas y pilares que sostenían un techo artesonado dorado. En el fondo de la basílica, a través de dos puertas colocadas al lado del ábside, se llegaba al patio exterior, rodeado por tres lados de pórticos, y en la esquina sureste se elevaba, en su aspecto natural, la roca del Gólgota.
Desde el tripórtico se sostenía imponente la fachada del grandioso mausoleo del Anastasis: el edificio fue concebido como una gran cuenca circular que en el centro tenía el Edículo de la Tumba, rodeado de columnas y pilares que formaban un deambulatorio superado por una galería superior.
Una gran cúpula con óculo abierto se elevaba sobre el Anastasis y hacía que la basílica fuera visible desde toda la ciudad. Por último, en el exterior a lo largo del lateral norte del Anastasis, encontraron espacio los ambientes destinados al Obispo y al clero de la Iglesia madre de Jerusalén.

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